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Lérida, España

Érase una vez... Un cuento de Navidad

Esta casa familiar tiene el encanto de las cabañas de montaña: la construcción en madera, una planta abuhardillada y bellas vistas que la hacen perfecta, casi de cuento.

Realización: Olga Gil-Vernet. Texto: Almudena Carmona. Fotos: José Luis Hausmann. Plano: Hearst Infografía 02/01/2018
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Las maravillosas vistas al Valle de Àneu forman parte del envidiable paisaje que se divisa desde este edificio de tres plantas situado en la localidad leridana de Esterri. Sus propietarios, una familia entera, lo adquirieron como segunda vivienda para las vacaciones de invierno y verano. Marta Tobella — interiorista del Estudio Sacum Projects— se encargó de la distribución del último piso, protagonista de nuestro reportaje; además, también eligió los acabados y la decoración.

En cuanto a la distribución, desde el vestíbulo, donde se encuentra el ascensor, se accede a la zona de descanso formada por tres dormitorios y dos baños. Al fondo de la planta se ubican las zonas comunes, con una cocina abierta al salón-comedor, dispuesto al fondo y rematado por una amplia terraza. Al tratarse de una vivienda de montaña, Marta optó por una decoración rústica donde la madera es la baza principal.

Convencer a los propietarios de que el techo de madera tenía que ir decapado en un tono gris perla fue la intervención y decisión más importante de la vivienda. De hecho, marcó con diferencia un antes y un después. Marta quería dotar a la casa de gran luminosidad y amplitud visual y, por ello, sugirió pintar las paredes en el mismo tono que el techo. Su incansable insistencia y sus grandes dotes de convicción hicieron que los dueños cayeran rendidos a su estudiado proyecto. Del mismo modo, para conseguir unificar todos los espacios e imprimir una sensación de calidez, la interiorista optó por instalar un interesante pavimento de madera de roble que cubre toda la casa.

Los grandes ventanales y las espectaculares vistas había que aprovecharlas. Por eso se optó por ubicar al fondo de esta planta las zonas comunes y disfrutar de la luz, el sol y la terraza. Así, el salón comparte espacio con el comedor siendo la chimenea el elemento que delimita o une —según se mire— ambos espacios con su reconfortante calor. Este mismo planteamiento hedonista llevó a concebir la cocina como un lugar abierto donde disfrutar de la familia, los amigos y el agradable paisaje mientras se guisa.

En cuanto a la zona de descanso cabe destacar la privilegiada ubicación de la cama en el dormitorio principal, bajo la ventana del techo para dormirse viendo las estrellas, y el cuarto abuhardillado de los niños con sus tres camitas de hierro que parece sacado de un cuento. La acertada elección de tonos neutros, materiales naturales como madera y fibra y un mobiliario sencillo determinó el look rústico de la vivienda, ese estilo típico de las casas de montaña, que resulta tan agradable y acogedor.



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